La mañana amaneció con el típico chirimiri y una niebla de
narices. Desayunamos y bajamos a Orduña en el autobús de la organización. Recogimos
las bicis, tomamos un café, firmamos y a la línea de salida.
A las 9:00h salida, más o menos por la mitad de los
supervivientes, unos 500. Después del primer tramo de 3-4 km por carretera paramos a
quitarnos el goretex y nos paso hasta el tato, je, je, otra vez a remontar.
Afrontamos un tramo de pista llana y después un puerto de
6-7km por carretera que hicimos a ritmo y pasando bastante gente. Esto nos
colocó en el km13 y en la cima comenzó el fango.
Pista a la izquierda y barrizal. Fueron unos 3km de barro
absoluto, bicis atoradas, piscinas de fango, saltado de vallas para evitar las
peores zonas… impresionante, pero peor fue la bajada ja, ja, ja. Era con poca piedra
y el barrillo y las caídas tontas estuvieron a la orden del día.
En el km22 estaba el primer avituallamiento. Risas,
fruta, limpieza manual de lo que se pudo de la bici y desfilando. Tocaba un
camino encementado al principio y pista después en escalones, es decir,
enlazábamos rampones del 20% con descansos y repetición.
Se coronaba después de unos 400m de desnivel y empezaba
la bajada más técnica del día, que con el barro se complicó. Al principio era
camino y después un sendero de barro. Caídas, resbalones y una zona con la bici
al hombro no faltaron.
Al final de la bajada llegamos a Llodio y mi bici ya ni
cambiaba. La organización improviso un par de mangueras porque sino aquello era
complicadito de terminar. Lo pero la fila de 20’ que me pegué esperando la manguera.
Limpieza y marchando porque quedaba lo más duro de la jornada. Estábamos
a 200m y había que subir a 1.000m en menos de 14km. Nada más empezar rampones de hormigón y malas noticias, la cadena saltaba con el plato
pequeño, así que tocaba subir a pulso con plato mediano, menuda chaquetita de 5-6km.
Lo solucioné en unos caserios a mitad de subida porque el socio
que venía conmigo tenía unos familiares viéndole allí. Metí la bici al pilón,
literal, y después me dejaron aceite. Así por lo menos podía meter el plato
pequeño.
Subimos otra parte de rampones por camino y después vino un
llano que nos llevó a la encerrona de la jornada. Teníamos
por delante un trozo con la bici al hombro por sendero y con un barrizal
fantástico. Después una pista y coronamos por una ladera de hierba.
Arriba había dos motos de la organización que nos
aconsejaron bajar en grupo porque la niebla no dejaba ver ni a dos metros. Primero
era una pista mezcla reguero-barro y después un trozo a pie muy empinado que nos
dejaba una pista de gravilla.
Aquí ocurrió una cosa curiosa un tío me paso
corriendo sin bici por la izquierda y de repente la bici sóla por la derecha, ja, ja, ja, se
le había resbalado con el barro y no podían parar ni él ni la bici, al final culotada y a buscar
la bici.
Despúes de ahí sólo quedaba bajar la pista y entrar hasta el centro de Bilbao, el Arenal. Mis colegas
se habían dirigido ya hacía la zona de duchas en el pabellón de deportes y yo
me quedé un rato a comerme un bocadillo y esperar al socio que me había ayudado
en los caseríos para darle las gracias. Llegó, nos dimos la mano y para las
duchas.
El ritual de siempre: lavado de bicis, ducha, cervecitas
para contarnos las anécdotas junto con gente de Logroño y autobús de vuelta
a Labastida de la organización.
En resumen ruta durilla y organización de 10, nos llevaron las
bicis a Labastida en un camión y cumplieron con todos los horarios, además el ambiente
fantástico. En fin despedida hasta la próxima de la gente de Soria y para
casa.
Distancia: 64km
Desnivel D+: 2.090m / Tiempo total: 6h30’ – Tiempo real:
5h50’


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